Spark Studio - Nuestra Tribu - Semana 4

Una vida que se cuenta en el ambiente
Hay momentos en el ambiente en los que el tiempo parece detenerse un poco.
Las celebraciones de cumpleaños son uno de ellos.
En Montessori, celebrar un cumpleaños no comienza con un pastel ni termina con una canción. Comienza mucho antes, cuando un niño y su familia reúnen fotografías, recuerdos y pequeñas historias para construir un recorrido por su vida: desde aquel día en que nació hasta el presente.
Es la Línea de la Vida.
Durante la ceremonia, el cumpleañero se coloca en el centro y comienza a recorrer su propia historia. Las fotografías aparecen una a una y, con ellas, llegan también las anécdotas: lugares que visitó, personas que han sido importantes, momentos que recuerda con especial cariño y experiencias que quizá para un adulto podrían parecer pequeñas, pero que para un niño forman parte de aquello que lo ha hecho ser quien es.
Escuchar estas historias desde la propia voz de los niños tiene algo especial. Hay una manera muy particular en la que ellos miran su propia vida. Una fotografía puede convertirse en una historia completa; un recuerdo sencillo puede despertar una emoción enorme; una experiencia que nosotros miraríamos rápidamente puede ocupar un lugar importante dentro de su relato. Y mientras uno de ellos cuenta, los demás escuchan.
Quizá ahí está una de las partes más bonitas de esta celebración: por unos minutos, la historia de un niño se vuelve parte de la historia de todos.
Durante esta temporada hemos tenido la oportunidad de acompañar a seis de nuestros Heroes en sus celebraciones de cumpleaños. Seis historias diferentes, seis recorridos llenos de fotografías, recuerdos y momentos que han ido formando sus vidas.
Cada uno ha recibido de sus compañeros buenos deseos de corazón, esos que nacen después de haber escuchado un poquito más sobre la persona que tienen frente a ellos.
Y cuando la ceremonia termina, llega otra parte esperada con entusiasmo: los pastelillos que el cumpleañero ha preparado con esmero para compartir con sus amigos.
Entonces, aquello que comenzó contando una vida termina también compartiendo algo de ella.
Porque celebrar un cumpleaños dentro del ambiente no es solamente celebrar que ha pasado un año.
Es detenernos a mirar cuánto ha ocurrido en ese tiempo.
Es recordar que cada niño llega a este momento con una historia que ya está siendo escrita, con experiencias que lo han transformado y con una comunidad que tiene la oportunidad de escucharla, celebrarla y acompañar lo que está por venir.
Esta semana, seis de esas historias encontraron un lugar dentro del ambiente.
Y por un momento, todos tuvimos la oportunidad de caminar junto a ellas.
Un contrato lleno de sí
Vivimos rodeados de “no”. No correr. No gritar. No empujar. No pegar. No aventar piedras. No cruzar la calle. No saltarse el semáforo en rojo.
Desde muy pequeños aprendemos que muchas de las reglas que nos acompañan están construidas alrededor de aquello que debemos evitar.
Pero ¿qué pasaría si en lugar de preguntarnos todo el tiempo qué no debemos hacer, comenzáramos a preguntarnos qué sí queremos hacer?
Esta semana, los Heroes retomaron una conversación que había quedado abierta: el contrato de nuestro ambiente.
Comenzamos explorando el contrato anterior y descubrimos que, después de resumirlo, podía convertirse en cinco grandes promesas. Cinco compromisos que hablan de cómo queremos convivir, aprender y crecer juntos.
Pero antes de construirlos, había que detenernos en una palabra: compromiso.
¿Qué significa comprometerse?
Los Heroes encontraron una manera muy sencilla de explicarlo.
“Es como cuando dices: ‘Mañana te voy a traer una galleta’… y sí la traes”.
Decir algo y hacerlo.
Y quizá no hacía falta una definición más compleja.
Con esa idea en mente, escuchamos la historia What If Everybody Did That?, una historia que nos llevó a pensar en las consecuencias que pueden tener nuestras acciones cuando todos decidimos hacer aquello que queremos, sin pensar en los demás.
Entonces volvieron a aparecer los “no”. No gritar. No golpear. No empujar. No aventar. No interrumpir. Y nos dimos cuenta de algo.
El mundo ya está lleno de “no”.
Hay semáforos que nos dicen que no crucemos, calles en las que debemos esperar, espacios donde no debemos gritar y reglas que nos recuerdan constantemente aquello que debemos evitar para convivir con los demás.
Pero si hablamos de niños llenos de posibilidades, de curiosidad, de creatividad y de tantas cualidades positivas, ¿por qué nuestro contrato tendría que estar construido principalmente alrededor de lo que no deben hacer?
Así que volvimos a mirar el contrato anterior. El respeto hacia los demás y hacia el estudio seguía siendo fundamental. Pero aparecieron otras posibilidades.
Respetar a los demás y al estudio.
Usar un vocabulario positivo.
Mantener la calma.
Concentrarnos en nuestras metas.
Ayudar a los demás.
Cinco grandes promesas que no hablan de aquello que queremos evitar, sino de aquello que elegimos hacer.
Y, sorprendentemente, poner la mirada en estos detalles no parecía tan difícil.
Los Heroes comenzaron a pensar no solamente en cómo querían que funcionara el ambiente hoy, sino también en algo que todavía no ha sucedido.
Pensaron en los nuevos niños que algún día llegarán.
En cómo podrán recibirlos.
En qué necesitarán aprender.
En qué tipo de comunidad quieren encontrar cuando lleguen.
Y entonces el contrato dejó de ser solamente un conjunto de acuerdos.
Comenzó a convertirse en una declaración sobre quiénes queremos ser cuando estamos juntos.
Quizá crecer como comunidad también significa esto: dejar poco a poco de preguntarnos solamente qué debemos evitar y comenzar a reconocer todo aquello que sí podemos aportar.
Esta conversación apenas comienza.
Porque si ya sabemos cómo queremos convivir, cómo queremos ayudar y qué compromisos estamos dispuestos a cumplir, queda una pregunta todavía más grande por responder:
¿Qué tipo de Heroe quiero ser?



Comments