Spark Studio - Nuestra Tribu - Semana 3

Donde una semana comienza a tomar forma
Cada lunes, antes de que lleguen los niños, el ambiente de nuestro preescolar Montessori ya está preparado para recibirlos. Los materiales están en su lugar, los espacios esperan ser habitados y, entre todos esos elementos cuidadosamente dispuestos, hay uno que cambia cada semana: las flores.
La elección y cuidado de las flores es una pequeña responsabilidad que va pasando de un niño a otro. Es también una manera de llevar vida, color y belleza al ambiente a través de una elección propia. Esta semana fue el turno de Josemaría. Al observar su ramo, descubrió algo que inmediatamente quiso compartir con los demás: “Mira bien. Por debajo es de un naranja intenso y por arriba un color melón tan suave que casi pasa desapercibido”. Pero había algo más que lo había fascinado: el aroma. Las rosas tenían un olor fresco y penetrante que pronto hizo que otros niños se acercaran para descubrirlo también.
Una elección de flores puede parecer un pequeño detalle dentro de la preparación del ambiente. Sin embargo, cuando un niño tiene la oportunidad de elegir, observar y cuidar algo que será compartido por todos, ese detalle comienza a formar parte de la vida de la comunidad.
Cuando jugar también significa ponerse de acuerdo
Uno de los primeros retos de la semana fue Crossing River, un juego en equipos de cuatro en el que los Heroes tenían que cruzar de un tapete a otro sin tocar el suelo, utilizando únicamente tres bandanas.
La primera vez, todos los equipos consiguieron llegar a la meta. La música aumentaba la emoción y, entre risas y estrategias, alguien propuso:
“¡Tómanos el tiempo!”
Después de esa primera ronda, los niños hicieron una breve reflexión y decidieron que, para volver a jugar, necesitaban establecer algunas reglas. Acordaron tres: no pisar el suelo, no arrastrar las bandanas y recoger todas las bandanas al llegar a la meta.
La segunda ronda resultó un poco más tensa. El reto había cambiado, aunque el juego era el mismo.
Ahora no solo tenían que cruzar; también tenían que respetar acuerdos que ellos mismos habían construido. Y, aun así, todos participaron con la misma emoción con la que habían comenzado.
A veces, una actividad sencilla permite observar algo mucho más grande: que formar parte de un grupo también implica aprender a definir juntos qué necesitamos para que las cosas funcionen.
Elegir, mirar y escuchar
Durante estos días también comenzamos el proceso de creación y votación del Lip Dub que representará a nuestro estudio en el concurso anual del Festival del Filme. Los Sparks participaron creando su propio corto y siguiendo las reglas establecidas para la convocatoria.
El martes llegó el momento de mirar los videos y elegir aquel al que nuestra Zona 7 daría su voto.
Antes de comenzar, los propios niños identificaron algo importante: para poder disfrutar y observar realmente el trabajo de los demás, necesitaban algunas reglas. Decidieron mantener silencio mientras veían los videos, guardar sus opiniones hasta el final y cuidar el movimiento de su cuerpo.
Después de ver las propuestas, llegó la votación. De manera unánime eligieron una escuela de la Zona 3 y celebraron descubrir que todos habían coincidido en su elección.
Dos rompecabezas y mucho más que piezas
El miércoles nos esperaba The Broken Community, un reto en el que dos equipos reciben un rompecabezas al que le falta una pieza; esa pieza se encuentra en la caja del equipo contrario.
Antes de comenzar, los Sparks quisieron asegurarse de que los equipos fueran realmente diferentes y propusieron barajar las cartas que utilizaríamos para formarlos. Las 16 cartas se barajaron 16 veces.
Los turnos, la espera y la paciencia hicieron que el inicio tomara un poco más de tiempo del previsto, pero finalmente los equipos quedaron listos.
El primer reto consistía en armar un rompecabezas de 48 piezas. Al terminarlo, se desbloquearía un segundo reto: uno de 100 piezas.
“Tenemos que armar el rompecabezas súper rápido”, dijo apresurada una de las niñas.
Lucía lo pensó de otra manera:
“No importa, porque igual nos va a tomar mucho o poco tiempo. Igual estamos aprendiendo”.
Jonás, en cambio, defendió otro punto de vista:
“Pues sí importa, porque si terminamos el primer rompecabezas muy rápido, desbloqueamos el segundo”.
Y entonces comenzaron.
Dos círculos grandes se formaron en el ambiente, cada uno alrededor de un rompecabezas de 48 piezas. Poco a poco aparecieron diferentes estrategias.
“No se presionen, no se desanimen”, les decía René a sus compañeros.
Lucía propuso comenzar por todas las orillas.
Julliette encontró otra manera de organizar el trabajo: colocar en una caja las piezas que todavía no podían identificar.
En algún momento, los niños descubrieron la pieza que no pertenecía a su rompecabezas. Emiliano la tomó y la entregó al otro equipo. La respuesta del otro lado no fue exactamente la que esperaba: la pieza comenzó a viajar de un lado a otro.
Y ahí estaba una parte del reto que no podía resolverse únicamente armando piezas.
Había que decidir qué hacer con una situación que no estaba saliendo como esperaban.
Finalmente, ambos equipos terminaron sus rompecabezas y los dos celebraron por igual.
Después llegó el momento de mirar hacia atrás:
¿Qué fue lo más fácil? ¿Qué fue lo más difícil? ¿Disfrutaron este reto?
Cada niño pudo compartir cómo había vivido la experiencia desde su propia perspectiva.
Habíamos planeado una actividad para trabajar la comunicación. Y sí, la comunicación estuvo presente. Pero el reto terminó mostrando mucho más: paciencia, reflexión, desacuerdo, distintas estrategias y la posibilidad de aprender a manejar correctamente una situación cuando las cosas no ocurren exactamente como habíamos imaginado.
Y al final, solo quedaron dos rompecabezas: uno de 48 piezas frente a cada equipo.
Pero lo que ocurrió alrededor de ellos fue mucho más grande que completar una imagen.
Un rompecabezas más grande y un contrato que sigue creciendo
El jueves llegó el momento de continuar con el reto de los rompecabezas. Esta vez, los equipos tenían frente a ellos uno de 100 piezas, el segundo desafío que habían desbloqueado al terminar el primero.
Y, aunque la dinámica era la misma, el reto se sentía diferente. Los niños notaron rápidamente que esta segunda parte resultaba más difícil. Los colores, los detalles y los elementos de la imagen hacían que encontrar las piezas y descubrir dónde encajaban requiriera todavía más observación y paciencia.
Lo que al principio había comenzado como un reto de comunicación y organización se convirtió también en una oportunidad para enfrentarse a una dificultad mayor. Ya no bastaba con encontrar las orillas o separar las piezas que parecían pertenecer a una misma sección. Había que detenerse, mirar con más atención y probar distintas posibilidades.
Y así, entre piezas que parecían encajar y otras que todavía no encontraban su lugar, los niños continuaron trabajando.
Al terminar el reto, llegó el momento de darle un vistazo al contrato del estudio.
Este contrato no es un documento que aparece terminado desde el principio del año. Es algo que los Sparks han ido construyendo poco a poco, a partir de sus propias experiencias, de los retos que han enfrentado y de las dificultades que han descubierto al trabajar juntos.
Esta vez comenzaron a leer las reglas que ellos mismos habían propuesto y, casi de manera natural, surgieron conversaciones sobre los cambios que podrían hacer.
¿Qué acuerdos siguen funcionando? ¿Qué cosas podríamos hacer de otra manera?
El contrato comenzaba a convertirse en algo más que una lista de reglas: una oportunidad para mirar hacia atrás, reconocer lo que han vivido y pensar en cómo quieren seguir construyendo su comunidad.
Pero esa historia todavía no termina. Los cambios, las conversaciones y las nuevas ideas que comenzaron a aparecer el jueves nos acompañarán durante los próximos días. Y esa parte se las dejo para la próxima semana. Un abrazo, nos leemos pronto.


la actividad del rompecabezas fue todo un éxito 🫶🏾🙌🏾