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Spark | Year 7 | Session 4 | Week 4

  • Writer: Mariela Olivares
    Mariela Olivares
  • Jan 31
  • 3 min read

La semana comenzó con temperaturas muy bajas, pero con un ánimo sorprendentemente alto. El frío no fue obstáculo: había ganas de trabajar, de observar y de crear.


El lunes, Marcelo llegó al estudio con unas bellísimas flores de color naranja. Un tono vibrante que nos habló de energía, creatividad y calidez en medio del clima invernal. Con mucho esmero preparó los floreros que embellecieron el espacio y marcaron el inicio de la semana: el ambiente también forma parte del aprendizaje.




Ese mismo día iniciamos la exploración de las bases de una consulta médica. A través del juego y la observación, nos acercamos al trabajo de un médico de forma concreta y significativa. Con entusiasmo, recrearon en papel los instrumentos más característicos y, aunque al inicio fue un reto, practicamos juntos sus nombres para volverlos familiares: blood pressure monitor, reflex hammer, thermometer, ophthalmoscope, otoscope, stethoscope.


Repetimos, escuchamos y corregimos con paciencia. Poco a poco fueron reconociendo la función de cada instrumento y afinando su pronunciación. Lo que al principio parecía extraño comenzó a volverse cercano.



El martes viví una experiencia que vale la pena nombrar. Llegué al ambiente con diez minutos de retraso por una consulta médica, y al entrar, encontré a los niños ya instalados, conversando entre ellos y retomando el hilo del trabajo del día anterior. No hubo desorden ni espera pasiva; había continuidad. Ese pequeño desfase me recordó que, cuando el ambiente está preparado y el interés es genuino, el trabajo no depende de la presencia constante del adulto, sino de la relación que los niños han construido con el proceso de aprendizaje.



Este mismo día, mientras conversábamos, surgió una idea que los emocionó profundamente: organizar un juego para el día de la exhibition. Propusieron que los papás intentaran colocar el nombre correcto a cada instrumento, comprobando si realmente han puesto atención a todo lo que ellos explican. Como suele suceder, los niños ya están pensando en ese gran momento de compartir y enseñar a otros lo que han aprendido.


El miércoles nos adentramos en una nueva exploración: los órganos y sistemas que componen el cuerpo humano y sus funciones. Utilizamos un molde del cuerpo humano hecho de fieltro y, poco a poco, lo fuimos llenando de órganos. Escuchar sus observaciones volvió a sorprenderme. Se mantuvieron atentos, curiosos y muy involucrados, especialmente al comprender la función intestinal y renal. Descubrir que la eliminación de lo que el cuerpo no necesita no ocurre en un solo lugar generó preguntas, risas y nuevas comprensiones.


El jueves, trabajando por equipos, desarrollaron su propio cuerpo humano. Los materiales fueron simples pero poderosos: grandes pliegos de papel kraft, lápices, colores y muchísima imaginación. Cada equipo de médicos y artistas creó su proyecto a su manera, con estilos muy distintos y personales. El resultado fue increíble: cuerpos únicos, llenos de detalles y de intención.



El viernes, para cerrar la semana, concluyeron el gran proyecto del cuerpo humano. Cada equipo comenzó a agregar elementos propios: vasos sanguíneos, huesos y detalles que nacían de sus propias preguntas. Corrieron hacia la bibliografía disponible para asegurarse de tener bases claras sobre todo aquello que querían representar. Fue un momento de investigación genuina, en el que la necesidad de confirmar surgió de ellos mismos.



Cerramos la semana dando un vistazo al calendario de febrero, comenzando a proyectar los eventos por venir. Se mostraron entusiasmados al descubrir que pronto podremos celebrar la amistad y dar la bienvenida a una nueva línea de vida dentro del ambiente.


Ahora esperamos con ilusión que, durante la exhibition, puedan identificar cada uno de los órganos y compartir con seguridad todo lo que han descubierto a lo largo de esta semana.


Para cerrar, quiero compartir un pequeño video que capturé durante el free time de esta semana. Durante el juego libre y creativo de los learners, el ambiente se transformó por completo. Mientras un grupo de niñas jugaba a capturar amigos con las manos llenas de conos, símbolos de alta energía y poderes especiales, otro grupo de niños se dedicó a remodelar el “arcade” del patio.


En esta ocasión, añadieron una novedad: una catapulta humana. Diseñaron tres cajas de cobro, con boletos que oscilaban entre los doscientos y los mil pesos. Después de adquirir tu boleto, te dirigías a la zona donde una cuerda roja era maniobrada por el creador de la catapulta y, de pronto, salías expulsado a gran velocidad. La intensidad del lanzamiento dependía completamente de la emoción y la energía que los niños sentían en ese momento.



Observarlos fue presenciar la imaginación en movimiento, la creatividad sin límites y la felicidad genuina que nace del juego libre.


Momentos así nos recuerdan que el aprendizaje comienza con una chispa: esa energía interna que se enciende cuando los niños se sienten libres, seguros y profundamente conectados con lo que están creando. Eso es Spark.

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